Anthropic tiene posiblemente al mejor producto de IA generativa. Y ni siquiera eso garantiza que sobreviva
La IA es una devoradora de dinero sin precedentes. Anthropic está cerrando una ronda de 3.500 millones de dólares que dispara su valoración a más de 61.000 millones. Una cifra astronómica para una empresa con un productazo… pero que apenas tiene dos millones de usuarios activos mensuales. Y unos ingresos proyectados de «solo» 1.200 millones para este año.
Los números no cuadran. Y esa es precisamente la cuestión.
El problema de Anthropic no es la calidad de su producto. Claude es, en muchos aspectos, el asistente de IA más refinado del mercado. Su enfoque en seguridad y una mayor ética, su comunicación más cálida –como cálido es su color de fondo en contraposición al blanco nuclear de ChatGPT– y su capacidad para mantener conversaciones coherentes y profundas lo han convertido en el favorito de muchos usuarios exigentes.
Es realmente bueno. Pero ser el mejor no te asegura la victoria en la industria tecnológica. Ni siquiera la supervivencia.
OpenAI tiene 400 millones de usuarios semanales activos porque se ha construido una marca bestial en IA. Google tiene una especie de Klapaucius, un truco de dinero infinito gracias a su imperio publicitario. xAI de Elon Musk aprovecha la plataforma X y a su propio CEO como escaparates naturales. Microsoft ha integrado la IA en todo su ecosistema de productos.
¿Y Anthropic? Tiene un gran producto con escasa distribución. Es la paradoja perfecta: el mejor asistente que casi nadie usa.
La historia de la tecnología está repleta de productos superiores que acabaron perdiendo frente a rivales mediocres pero mejor posicionados. Betamax era técnicamente superior a VHS. El Newton de Apple anticipó el iPhone durante un tiempo pero se dio un castañazo. Netscape dominó Internet antes de ser aplastado por Internet Explorer.
Lo que estamos presenciando es una clásica guerra de estándares, donde el ganador no necesariamente será el mejor producto, sino el que logre la masa crítica necesaria para establecerse como el nuevo estándar de la industria.
La realidad incómoda es que vivimos en un mundo, como dijo ayer mi cuate Javier Pastor, con demasiados modelos de IA. Cada semana surge uno nuevo. Anthropic, OpenAI, Google, Microsoft, Meta, xAI, DeepSeek, Perplexity, Mistral, Alibaba… la lista sigue creciendo. Y cuando el capital riesgo deje de fluir tan generosamente –porque en algún momento lo hará–, muchos no sobrevivirán.
El analista Ed Zitron lo expresa sin rodeos: Anthropic «no es una empresa real, no podría sobrevivir sin la beneficencia del capital riesgo». Con pérdidas de 5.600 millones el año pasado, es difícil rebatir esa afirmación. Zitron omite que vivir en pérdidas agarrados al capital riesgo es la rutina de buena parte de la industria tecnológica, pero no le falta razón.
La estrategia de Anthropic parece clara: posicionarse como la alternativa «más humana» frente a la energía de «robot Dios» de OpenAI. Sus demos incluyen correcciones de color cálidas, música jazz relajante y presentadores que suenan como gente normal hablando normal, no como un Chief of o un Head of proclamando logros. Es un enfoque inteligente. ¿Será suficiente?
Quizás el destino más probable para Anthropic sea la adquisición. Un producto excelente con escasa tracción comercial resulta atractivo para gigantes que buscan mejorar sus propias ofertas de IA. Apple, que aún no ha mostrado todas sus cartas en esta partida, podría ser un comprador lógico, aunque su historial de compras dista mucho de estas cantidades: su mayor adquisición fue la de Beats hace once años y pagó por ella veinte veces menos de lo que vale ahora Anthropic.
En este paisaje sobresaturado de modelos de IA casi indistinguibles para el usuario medio, la pregunta no es quién tiene la mejor tecnología, sino quién sobrevivirá cuando el dinero del capital riesgo empiece a escasear. Y en esa batalla, tener el mejor producto seguramente no sea suficiente.
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