Cada vez más gente se está yendo de vacaciones simplemente a dormir

Uno puede irse de vacaciones por muchos motivos. Muchísimos. Para conocer nuevas culturas, maravillarse con paisajes y museos, comer bien, disfrutar en la playa, esquiar, practicar idiomas… De hecho si algo sobra son razones para tomarse un descanso fuera de casa. Lo que es menos frecuente es viajar básica y principalmente con el propósito de dormir. O al menos así lo era hasta ahora.
En una sociedad hiperestresada cada vez son más los viajeros (y negocios) que apuestan por un nuevo tipo de desconexión: el ‘turismo de almohada’.
Dormir, la tarea pendiente. Dormimos mal. O no todo lo que deberíamos. Hace más o menos un año Fundación Mapfre, la Sociedad Española de Neurología (SEN) y la Sociedad Española del Sueño publicaron un estudio que demuestra que solo el 24% de los jóvenes reconocen «dormir bien y lo suficiente». Es más, ocho de cada diez presentan algún síntoma relacionado con al insomnio.
Y el problema no es exclusivo de los jóvenes. La SEN calcula que el 48% de los españoles adultos no tiene un sueño de calidad y casi un tercio de la población se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador, porcentaje nada sorprendente si recordamos que el 60% de los españoles ha pasado por episodios de estrés que han afectado a su día a día. En general, la World Sleep Society (WSS) calcula que un amplio porcentaje (al menos el 45%) de la población mundial padecerá algún trastorno del sueño grave a lo largo de su vida.
¿Para qué sirve un viaje? La pregunta quizás parezca sencilla, pero no tiene una única respuesta válida. Hay quien planifica sus viajes saturando sus agendas de visitas, excursiones, comidas y actividades, reduciendo al mínimo las horas del sueño, y quien se sitúa en el polo opuesto y lo que más valora cuando sale de casa es el descanso. Es más, hay ciertos casos en los que dormir no es un simple complemento, sino uno de los objetivos centrales (sino el único) del viaje.
Hace poco la plataforma de reservas de alojamientos al aire libre Pitchup se dio cuenta de que las menciones a «dormir» en su sección de «me gusta» y reseñas de clientes se habían disparado un 55% con respecto a 2023. Y ese es solo uno de los muchos indicadores que sugieren que cada vez hay más gente que valora la calidad del descanso cuando viaja y una industria dispuesta a cubrir esa necesidad.
Un concepto: turismo de almohada. Con ese telón de fondo, desde hace un tiempo ha ido ganando fuerza una modalidad de viajes centrada básicamente en esa idea: el descanso, el sueño de calidad. No se trata ya de hoteles que presumen de estar en barrios tranquilos o que ponen a disposición de sus clientes una extensa carta de almohadas, algo que en realidad existe desde los años 60. No. Hablamos de paquetes diseñados a propósito para mejorar el sueño de los visitantes, con tratamientos, especialistas y tecnología específicos.
El resultado es lo que se ha bautizado como ‘turismo de almohada’, ‘sleep tourism’ o ‘turismo del sueño’, un nicho de mercado en el que hay negocios (y destinos) que han visto una oportunidad para diferenciarse y, de paso, participar en un mercado con buenas perspectivas. Un informe reciente de HTF Market Intelligence que analiza su horizonte hasta 2031 calcula de hecho que aumentará a una tasa de crecimiento anual compuesta del 7,8% y llegará a mover sumas cuantiosas.
¿En qué consiste exactamente? La oferta es amplia. Igual que en cualquier otro nicho del cada vez mayor y más competitivo sector del turismo. Quien busca «turismo de almohada» tiene a su alcance experiencias ‘Room to Dream’, paquetes centrados en la calidad del sueño en clínicas de bienestar, programas de siete o incluso más días con terapeutas, circuitos con spa, baños de sal y vibración…
Incluso hay campings y alojamientos situados en plena naturaleza que han empezado a enfatizar precisamente las bondades de dormir bajo las estrellas. Todo por y para el descanso. La idea es atender al cliente, favorecer su sueño y, en ciertos casos, detectar sus problemas y que aprenda a dormir bien.
Recurriendo a la IA para dormir. En marzo de 2024 The New York Times (TNYT) elaboró un reportaje sobre alojamientos que incluso van más allá y han incorporado camas asistidas con IA, hipnoterapeutas de guardia, colchones capaces de conectarse con el smartphone, máscaras de calor y vibración e incluso cámaras especiales en la que los huéspedes pueden descansar sin ninguna tipo de distracción externa, como teles, teléfonos o incluso ventanas. Eso sí, no son para todos los bolsillos. En algún caso una sola noche cuesta más de 1.700 dólares.
Un demanda, una oportunidad. Hay quien ya ha visto en el «turismo de almohada» una oportunidad para diferenciarse en el sector. Tanto negocios como destinos. «Los hoteles, enfrascados en una lucha a muerte con Airbnb, han comenzado a explorar formas de competir ofreciendo servicios y comodidades en torno al objetivo principal de una estancia en un hotel: una noche de sueño reparador», comenta a TNYT Chekitan Dev, de la Universidad de Cornell.
La clave es que «el paradigma anterior» de las vacaciones, en el que lo importante eran los planes diurnos, empieza a ablandarse. Y eso es un filón para ciertos destinos que hasta ahora se veían penalizados precisamente por su aislamiento y escasa oferta de actividades. Suecia es un buen ejemplo. Sus zonas casi deshabitadas, temperaturas gélidas, noches largas y cabañas apartadas en pleno bosque adquieren un renovado atractivo cuando lo que se busca es descansar.
Un cambio de enfoque. «La abundancia de naturaleza accesible, combinada con noches oscuras, temperaturas frescas y un énfasis cultural en la relajación hacen de Suecia un lugar ideal para el turismo del sueño», comenta el investigador Chistian Benedict a la BBC. Una reportera de la cadena se alojó de hecho en una pequeña cabaña en Svartsö situada a las afueras de un bosque con vistas a un lago. En su cuarto tenía solo una cama, una silla y una mesilla. Nada de tele, radio ni ningún otro estímulo que la pudiera distraer de lo realmente importante: descansar.
Su propuesta contrasta con la que se puede encontrar en otros hoteles o instalaciones situadas en países como Reino Unido, Tailandia o Maldivas (por citar solo algunos ejemplos), pero aspira a hacerse un hueco en el creciente negocio del «turismo de almohada». Uno en el que España también ha movido ficha.
Imágenes | Andriyko Podilnyk